🪨 Arches: lo que hay allí
Más de dos mil arcos de piedra, uno en las matrículas de todo un estado y otro que se cayó en agosto de 2008: cinco minutos de lectura.
El parque nacional Arches, junto a la ciudad de Moab en Utah, tiene en trescientos kilómetros cuadrados la mayor concentración de arcos naturales de piedra del mundo. Hay documentados más de dos mil.
Para que una formación cuente como arco, su abertura debe medir al menos noventa centímetros. Ese es el único criterio, y es la razón de que esa cifra pueda contarse.
Por qué precisamente aquí
Hace trescientos millones de años había aquí un mar que se evaporó y dejó una capa de sal de más de un kilómetro de espesor. La sal es plástica bajo presión: fue abombándose y moviéndose poco a poco bajo la arenisca depositada encima.
La arenisca de arriba se agrietó así en placas verticales paralelas que se llaman aletas. En las grietas entró agua, en invierno se heló, las ensanchó, y los puntos más débiles del centro de las aletas se desmoronaron de lado a lado. Lo que queda por encima del hueco es un arco.
Por eso aquí los arcos están en hileras y por eso hay tantos. Es un único proceso geológico repetido dos mil veces uno al lado del otro.
Delicate Arch
Un arco de dieciséis metros que se alza solo al borde de un cuenco de piedra, con las montañas La Sal al fondo. Está en las matrículas de todo Utah, así que la mayoría de los visitantes lo conoce antes de verlo.
El camino hasta él mide tres kilómetros de ida, el desnivel es de unos 150 metros y el último tramo va por una repisa estrecha tallada en la pared. Sombra no hay ninguna. En julio se hace muy temprano o no se hace.
Bajo el arco se puede estar, pero hay cola. La mejor luz es una hora antes de la puesta de sol, y eso lo sabe todo el que está allí.
Landscape Arch y lo que pasó en 1991
Landscape Arch, con ochenta y ocho metros de luz, es uno de los arcos naturales más largos del mundo. Además es aterradoramente fino: su punto más estrecho ronda el metro.
En 1991, a plena luz del día y ante testigos, se le desprendió una losa de veintidós metros. No le pasó nada a nadie, un turista lo grabó, y el sendero bajo el arco está cerrado desde entonces.
Diecisiete años después, en agosto de 2008, se derrumbó de noche el Wall Arch entero, uno de los mayores del parque. Por la mañana había allí un montón de piedras.
Esto es lo más importante del parque y de lo que menos se habla: los arcos no son un estado permanente, son una fase. Todos acabarán cayendo, y mientras tanto se van formando otros.
Balanced Rock y otras paradas que valen la pena
Balanced Rock es un peñasco de unas tres mil quinientas toneladas encaramado en un pedestal estrecho justo al lado de la carretera. A su lado había un gemelo más pequeño llamado Chip Off the Old Block; ese se cayó en el invierno de 1975.
Double Arch son dos arcos nacidos del mismo punto. Debajo se rodó la escena inicial de la tercera de Indiana Jones, así que en las fotos les resultan familiares incluso a quienes nunca han estado en Utah.
Fiery Furnace es un laberinto de cañones estrechos entre las aletas. Solo se entra con un guarda o con permiso, porque allí se puede uno perder, sin exagerar, a la vista del aparcamiento.
El suelo por el que no se puede pisar
La costra oscura y rugosa entre las rocas no es suciedad. Es una película viva de cianobacterias, líquenes y musgos que se llama suelo criptobiótico. Sujeta la arena, retiene el agua y hace posible que aquí crezca algo.
Una pisada la aplasta y puede tardar décadas en rehacerse. De ahí viene la frase que aquí oirás sin parar: no salirse del camino. No es cuestión de orden; es que esta costra es la única razón de que el desierto de alrededor no sea solo arena.
La entrada
Desde 2022, de abril a octubre, se entra con hora reservada: se reserva una franja de una hora para acceder. Se implantó después de que el parque tuviera que cerrar la puerta repetidamente porque dentro no había dónde aparcar. La entrada con hora no rige todos los años, pero conviene comprobarlo.
Y un nombre más. En 1956 y 1957 sirvió aquí como guarda de temporada Edward Abbey y vivió en una caravana sin electricidad. De ahí sacó el libro Solo en el desierto, en el que entre otras cosas proponía echar los coches de los parques nacionales. El libro es un clásico y Arches hoy limita la entrada, solo que de otra manera que la que él quería.