🎰 Historia de Las Vegas
Un prado con un manantial en medio del desierto que se convirtió en la ciudad con más habitaciones de hotel de América, y con una pantalla del tamaño de un edificio. Diez minutos de lectura.
Las Vegas significa en español "los prados". Hoy el nombre suena a broma, pero era descriptivo: en medio del desierto de Mojave brotaban manantiales y a su alrededor crecía hierba. Justo por eso pasaba por aquí un camino y justo por eso hoy hay aquí una ciudad.
Los manantiales, por cierto, se secaron. Los agotaron los pozos en el siglo veinte. La ciudad se quedó.
Un prado, una misión y un tren
El nombre se lo puso al lugar hacia 1829 un explorador de una expedición de habla española que buscaba un atajo de Santa Fe a California. Un prado con agua en medio del desierto era lo más valioso que podía encontrarse en una ruta así.
En 1855 la iglesia mormona de Utah mandó aquí una misión para construir un fuerte y enseñar a cultivar a los paiute de la zona. Aguantaron dos años. Un trozo de aquel fuerte de adobe sigue en pie y es uno de los edificios más antiguos de Nevada.
La ciudad de verdad nació el 15 de mayo de 1905, en un solo día. El ferrocarril de Salt Lake City a Los Ángeles necesitaba entre las montañas una parada con agua y organizó aquí una subasta de terrenos. En un día caluroso se vendieron más de mil parcelas. Esa es la fecha desde la que se cuenta Las Vegas.
El año 1931: juego y presa
Dos cosas no tienen competencia en la historia de la ciudad, y las dos caen en 1931.
Primero, Nevada legalizó el juego. No era un plan para un paraíso turístico, era el paso desesperado de un estado arruinado por la Depresión que necesitaba impuestos. Al mismo tiempo Nevada redujo a seis semanas la residencia necesaria para divorciarse, así que también se empezó a venir por eso.
Segundo, a cincuenta kilómetros de aquí empezó a construirse la presa Hoover. Llegaron veinte mil obreros con sus familias y de pronto había mercado. La presa se terminó en cinco años, dos antes de lo previsto, y por cierto sigue generando electricidad. Para los obreros se construyó Boulder City, donde el juego estaba prohibido, y sigue estándolo, como único sitio de toda Nevada.
Por qué el Strip no está en Las Vegas
En 1941 se levantó junto a la carretera al sur de la ciudad el primer gran resort con piscina y casino. No estaba en la ciudad a propósito: fuera del límite los impuestos eran menores y las ordenanzas municipales no se aplicaban.
Todo lo demás lo siguió. Por eso el Strip de hoy, esa calle de hoteles que conoce el mundo entero, formalmente no está en Las Vegas. Está en las localidades del condado llamadas Paradise y Winchester, que no tienen ayuntamiento propio.
En 1946 abrió aquí el Flamingo, detrás del cual estaban el dinero del hampa del este y el gángster Benjamin Siegel. La inauguración fue un desastre, el hotel perdió dinero y a Siegel lo mataron a tiros medio año después en un salón de Beverly Hills. Aun así el Flamingo se convirtió en la plantilla: casino, hotel, piscina y una estrella en el escenario, todo bajo un mismo techo.
La mafia financió y dirigió Las Vegas en buena medida hasta los años setenta. Lo cambió una decisión del estado de 1969 que permitió que los casinos fueran propiedad de sociedades anónimas. Hasta entonces el dueño tenía que ser una persona concreta con pasado comprobado, lo que convenía justo a quienes no debía convenir.
Turismo atómico
A cien kilómetros al noroeste de la ciudad hubo desde 1951 un campo de pruebas nucleares. Hasta 1992 se hicieron allí más de novecientas pruebas nucleares, unas cien de ellas en el aire.
El hongo se veía desde el centro de Las Vegas. La ciudad no hizo de ello un problema, sino una atracción: la cámara de comercio imprimía calendarios de las detonaciones, los hoteles organizaban desayunos en la azotea, los bares mezclaban un "cóctel atómico" y en 1957 se coronó aquí a una Miss Bomba Atómica, una bailarina con un bañador en forma de explosión.
Hoy suena increíble y está documentado en fotografías. De las consecuencias para la salud de la población a favor del viento se habló mucho después.
Elvis, implosiones y megarresorts
En 1969 Elvis Presley volvió al escenario en un hotel de aquí, tras ocho años en los que solo rodaba películas. Después dio más de seiscientas funciones con todo vendido, y con eso Las Vegas se convirtió por mucho tiempo en el sitio adonde las estrellas americanas van a quedarse, no a pasar.
En 1989 abrió un hotel con un volcán artificial en la entrada y tigres blancos dentro, y arrancó la era de los megarresorts. Tenía que ingresar más de un millón de dólares al día solo para no perder, e ingresaba más.
Los noventa fueron así: los hoteles viejos se volaban entre aplausos y en su lugar crecían copias de ciudades ajenas. Una pirámide con un haz de luz, el perfil de Nueva York con montaña rusa, Venecia con góndolas y un canal en el primer piso, París con media torre Eiffel, un lago con fuentes que bailan al son de la música.
Aquí cabe decir que Las Vegas nunca se hizo ilusiones. Una copia es una copia y todo el mundo lo sabe. Precisamente por eso funciona.
Las Vegas hoy
En el área metropolitana viven unos dos millones setecientos cincuenta mil habitantes y cada año llegan más de cuarenta millones de visitantes. Hay unas ciento cincuenta mil habitaciones de hotel, más que en ninguna otra ciudad americana.
El haz de luz de la pirámide es uno de los más potentes del mundo. En una buena noche se ve desde un avión a más de cuatrocientos kilómetros. Atrae polillas, las polillas atraen murciélagos, y así sobre el hotel ha surgido una pequeña cadena alimentaria que sin el casino no existiría.
En 2023 abrió junto al Strip la Sphere, una esfera de más de cien metros cuya superficie exterior entera es una pantalla. Es la mayor superficie LED del mundo y el edificio de espectáculos más caro que se ha levantado nunca en Nevada.
La ciudad tiene además un problema del que no hablan los folletos: el agua. La toma del lago Mead, detrás de la presa Hoover, y ese lago baja desde el año 2000. Las Vegas ha reaccionado con más dureza que la mayoría de ciudades americanas: recicla prácticamente toda el agua usada dentro de los edificios y desde 2021 ha prohibido el césped ornamental que nadie pisa. Las fuentes de delante del hotel se reciclan y toman agua de un pozo propio, no de la red; son piscinas que nadie vacía.
Y dos cifras más. En Las Vegas se celebran cada año unos ochenta mil matrimonios, porque aquí no se espera y no hay que acreditar nada. Y el 1 de octubre de 2017 murieron aquí sesenta personas en un tiroteo durante un festival de música, la peor matanza de la historia moderna de Estados Unidos. La ciudad tiene un memorial y no habla de ello como de una atracción.
Las Vegas nació porque en el desierto había agua, y creció porque tenía permitido lo que no lo estaba en otros sitios. Las dos cosas se han ido: el agua casi, y el derecho exclusivo al juego del todo, porque hoy se puede apostar casi en cualquier parte. Las Vegas sigue creciendo igualmente. Para entonces ya vende otra cosa: da igual qué sea legal aquí, aquí se puede hacer más grande.