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🌉 Historia de San Francisco

Un pueblo de quinientas personas que en un año se hizo ciudad, un puente cuyo color viene de un malentendido y una niebla con cuenta propia en las redes: diez minutos de lectura.

San Francisco está construido en buena parte sobre arena, rellenos, roca y cuestas empinadas, al borde de una falla que todos saben que volverá a moverse. Y aun así es uno de los sitios más caros del mundo. Esa contradicción atraviesa toda su historia: cada vez que algo lo arrasó, se volvió a levantar, y más deprisa de lo razonable.

La bahía que nadie vio durante doscientos años

Alrededor de la bahía vivían los ohlone, no una tribu sino decenas de grupos pequeños que hablaban por lo menos ocho lenguas distintas. Vivían de bellotas, pescado y marisco; los montones de conchas vacías que dejaron eran altos como una casa.

Los barcos españoles pasaban por la costa de California desde el siglo dieciséis y sencillamente no vieron la Puerta de Oro. El estrecho es angosto, suele estar con niebla y desde el mar parece la continuación de la costa. La bahía, donde habría cabido una flota entera, la descubrió en 1769 una expedición que iba por tierra y dio con ella desde arriba.

En 1776, pocos días antes de que en el otro extremo del continente se firmara la Declaración de Independencia, los españoles fundaron aquí un fuerte y la misión de San Francisco. La iglesita de la misión sigue en pie y es el edificio más antiguo de la ciudad.

Tras la independencia de México había aquí un poblado adormecido llamado Yerba Buena, con unos quinientos habitantes. En 1846 lo ocuparon los estadounidenses y un año después lo rebautizaron San Francisco. Fue un cambio absolutamente insignificante.

El año en que la población se multiplicó por diez

En enero de 1848 un carpintero encontró unos granos de oro en un aserradero al pie de Sierra Nevada. Intentaron mantenerlo en secreto; no lo consiguieron.

En 1848 San Francisco tenía unos ochocientos habitantes. A finales de 1849 tenía veinticinco mil, y hacia 1870 unos ciento cincuenta mil. Fue la mayor migración voluntaria de la historia de América y la gente llegaba de todas partes: de la costa este por el cabo de Hornos, de China, de Chile, de Australia, de Irlanda.

En la bahía surgió un problema que nadie esperaba. Las tripulaciones de los barcos que traían a los buscadores se largaban también a las montañas. En el puerto quedaron más de seiscientos veleros abandonados. Algunos se convirtieron en hoteles, almacenes y una cárcel; luego se echó tierra alrededor y la ciudad creció por encima. Cuando hoy se excava en el centro para los cimientos de un rascacielos, a veces aparece un barco.

Con el oro se enriqueció poca gente. Se enriquecieron los que vendían algo a los buscadores. Uno de ellos, un comerciante de telas bávaro, patentó en 1873 unos pantalones cuyos bolsillos no se descosían porque los reforzó con remaches. Esos pantalones se siguen fabricando.

Cuestas, un cable y el tranvía de cable

La ciudad está sobre colinas que en algunos puntos superan el treinta por ciento de pendiente. En el siglo diecinueve eso significaba que después de llover los caballos caían sobre el adoquinado y los carros los arrastraban cuesta abajo.

En 1873 un ingeniero dio con la respuesta: bajo la calle gira sin parar un cable de acero, y el vehículo lo agarra y lo suelta con una mordaza. El tranvía de cable no es un funicular y no tiene motor propio. El conductor no tiene acelerador, tiene una palanca con la que sujeta el cable. En sus mejores años las líneas sumaban más de sesenta kilómetros. Hoy quedan tres y es el único sistema así que sigue funcionando en el mundo: un monumento protegido que se mueve solo.

El dieciocho de abril de 1906, a las cinco y cuarto de la mañana

El terremoto tuvo una magnitud en torno a 7,9 y duró menos de un minuto. En ese minuto reventaron las conducciones de agua de toda la ciudad.

Eso fue peor que las sacudidas. Se declararon más de cincuenta incendios, los bomberos no tenían agua y ardió durante tres días. Para frenar el fuego, los soldados empezaron a volar manzanas enteras, solo que no estaban entrenados, usaron pólvora negra y con ello provocaron más incendios. Ardió alrededor del ochenta por ciento de la ciudad. Murieron más de tres mil personas y un cuarto de millón se quedó sin techo, de un total de cuatrocientos mil habitantes.

La ciudad decidió no reconocerlo. Las cifras oficiales dieron durante mucho tiempo solo unos cientos de muertos, para no espantar a los inversores, y la reconstrucción empezó de inmediato. En 1915 San Francisco estaba tan rehecho que organizó una exposición universal únicamente para demostrar que vivía. De ella se conserva un edificio que sigue en pie: una rotonda que parece una ruina romana y nunca lo fue.

El puente que los pintores no dejan en paz

El Golden Gate se construyó entre 1933 y 1937. El estrecho es profundo, la corriente fuerte y la niebla espesa; la mayoría de los expertos decía que no se podía.

El color del puente es un error que gustó a todos. El acero llegó pintado con una imprimación naranja anticorrosión. La marina quería el puente a rayas negras y amarillas para que se viera. El arquitecto miró esa imprimación contra las colinas y decidió que ese color era el ideal. Se llama naranja internacional y se aplica sin parar: la capa no se repara de vez en cuando, se renueva de continuo todo el año.

Durante la obra se tendió por primera vez una red de seguridad bajo un puente. Atrapó a diecinueve hombres, que después fundaron un club cuyo nombre se traduce como el Club de A Medio Camino del Infierno.

Enfrente, al otro lado del agua, está Alcatraz, prisión federal entre 1934 y 1963. Oficialmente de allí no se escapó nadie. En 1962 tres presos agrandaron las rejillas de ventilación con cucharas del comedor, dejaron en las celdas cabezas de pasta de papel y pelo de la barbería y se echaron al agua en una balsa de impermeables. Nunca aparecieron. El FBI cerró el caso como ahogamiento; los marshals lo mantienen abierto hasta hoy.

Beatniks, Verano del Amor y Harvey Milk

En los años cincuenta los beatniks se instalaron en el norte de la ciudad. La librería City Lights publicó en 1956 el poema Aullido y al dueño lo acusaron de difundir obscenidad. El tribunal falló que el libro tenía valor social, y esa sentencia sirvió después a los editores estadounidenses de escudo durante veinte años.

En 1967 más de cien mil jóvenes se juntaron en el barrio de Haight-Ashbury para lo que se llama el Verano del Amor. Duró una temporada; para el otoño había multitudes de turistas, drogas y falta de vivienda, y los vecinos organizaron un desfile con un ataúd y un cartel que decía que el hippie había muerto.

En 1977 fue elegido concejal Harvey Milk, uno de los primeros políticos abiertamente gais de Estados Unidos. Un año después un exconcejal lo mató a tiros junto con el alcalde. Cuando el tribunal impuso al asesino solo siete años, estalló uno de los enfrentamientos callejeros más duros de la historia de la ciudad.

El terremoto que derribó una autopista

En 1989 llegó otro terremoto, esta vez durante la final de béisbol, lo que significó que fue el primero retransmitido en directo de la historia. Se hundió un tramo del puente de la bahía y un paso elevado en Oakland.

También quedó dañada la autopista elevada que recorría el frente marítimo y separaba la ciudad del agua. En lugar de repararla, la derribaron. Hoy el frente marítimo es un paseo, y es una de las pocas grandes autopistas americanas que alguien ha demolido voluntariamente.

Desde los noventa llegó la ola tecnológica y con ella los alquileres de los que se despotrica en una de cada dos conversaciones de la ciudad. El edificio más alto es de 2018 y lleva el nombre de una empresa de software.

San Francisco en cifras y en niebla

En la ciudad viven unas ochocientas mil personas, y en toda el área de la bahía casi ocho millones. El barrio de Chinatown es el más antiguo de Norteamérica y lo fundaron los buscadores de oro en 1848.

Las calles más empinadas pasan del treinta por ciento. Lombard Street, la de las curvas, es famosa como la calle más sinuosa del mundo; en realidad lo es más Vermont Street, un poco más allá, solo que no tiene vistas y no va nadie.

Y luego está la niebla. Se forma cuando la corriente fría del océano se encuentra con el aire caliente del interior, entra rodando por la Puerta de Oro y en julio hay más que en enero. Tiene nombre propio, Karl, y una cuenta en las redes en la que se queja de los turistas en pantalón corto.

La frase de que el invierno más frío que pasó quien la dijo fue un verano en San Francisco se atribuye a Mark Twain. Twain no la escribió nunca. Pero es cierta, que al final importa más.